domingo, 28 de agosto de 2011

Distintas y unidas las ideas


Virtud y vicio, dos conceptos que parecen tan distintos y tan cercanos a la vez que por mucho que se quieran analizar por separado, siempre se encontrarán en un punto que nos dejará más dudas y más preguntas por contestar.

Muchas veces se ha escuchado que una persona es virtuosa y que por ello debe aceptarse su forma de comportarse como ejemplo para las generaciones posteriores como parte de un deber social ya establecido.

Los diccionarios ofrecen bastantes respuestas para describir el concepto virtud y me temo que esa es la causa por la que muy fácilmente produce en los seres humanos una confusión y sobre todo cuando es utilizado por clericales.

De igual manera, cuando se trata de describir el concepto de vicio, los diccionarios ofrecen muchas interpretaciones que no siempre se van a ajustar puntualmente a la descripción que se hace cuando afirmamos que alguien es vicioso.

Ambos conceptos resultan un tanto complicados de analizar para que sirva a todos la explicación y esto, por lo general nos lleva al análisis personal que no siempre estará libre de una descripción con matices de fanatismo.

Pienso que es tan pequeña la distancia entre virtud y vicio que bien vale la pena tratar de encontrar una definición para cada uno y que resulte sencillo entender a que se refiere cada concepto en su máxima expresión para discernir sobre él.

Si reconsideramos que vicio solo es la necesidad de contentar nuestros gustos o aficiones, creo que puede entenderse de manera más simple, si la necesidad de contentar ese gusto o esa afición nos “obliga” a cumplirlo a costa de cualquier precio.

Ese “a cualquier precio” es lo que determina que estamos frente a la manifestación de un vicio, y eso precisamente es lo que tratamos de mostrar para que con las herramientas necesarias se pueda controlar dicho vicio.

Cuantas veces hemos escuchado “tengo vicio por leer” tratando de manifestar un buen hábito, y quizás ser considerado un virtuoso de la lectura, pero como dije antes, es tan pequeño lo que media entre el vicio y la virtud, que, sin remedio quedará como vicio.

Con la virtud sucede lo mismo, muchas veces una persona lleva en sus bolsillos una buena cantidad de monedas para poco a poco entregarlas a los necesitados que se acerquen y de esa forma contentar su necesidad de ser virtuoso.

Es por eso que el ser humano se confunde fácilmente tratando de comprender que es lo que debe hacer para ser considerado un ser virtuoso y libre de todos los vicios.

Mucho es lo que se dice en torno a estos temas, pero quiero simplificar con la mejor de las intensiones, basta dejar asentado que ambos conceptos: vicio y virtud, casi siempre aparecen juntos porque en los dos, siempre se justifica la necesidad de satisfacer nuestra necesidad para sentirnos bien.

El mejor consejo será que tratemos de dominar ese deseo de contentar los vicios y las virtudes aunque no se erradiquen, pero que sean controlados, y una vez controlados es más fácil conservar la fe en los ideales con la esperanza en realizarlos por el bien de la humanidad.

sábado, 27 de agosto de 2011

Código moral


Se ha publicado en muchos lugares un código moral que considero importante sea difundido ampliamente por razón de que es el principio que ayuda a conducirse con propiedad ante los demás con el respeto y el orden necesario para la fortaleza social.

Es posible que sea necesario creer en un ser supremo para comprender muchas cosas que a veces los interesados mantienen oculto para manejarlo a su antojo, y como ley natural el primer decreto debe ser el amor hacia los semejantes.

Como obligación indiscutible aparece la necesidad de hacer el bien y dejar hablar a los hombres mujeres y niños, amar a los buenos, compadecer a los débiles, huir de los malvados; mas no odiar a nadie.

Hablar con respeto a los grandes, con prudencia a los iguales, sinceramente a sus amigos y con ternura a los pobres, pero nunca adular, porque eso puede conducir a una traición, escuchar siempre la voz de su conciencia.

Evitar las disputas poniendo la razón de por medio y respetar a las mujeres, este código indica que jamás abuse de la debilidad femenina y que muera antes que amenazar su honra porque si el gran arquitecto nos da un hijo, habrá que darle las gracias por el depósito que nos confía.

Debemos ser para ese niño la imagen de la Divinidad. Hacer que hasta los diez años nos tema, hasta los veinte nos ame y hasta la muerte nos respete. Hasta los diez años ser su maestro, hasta los veinte su padre y hasta la muerte su amigo.

Enseña a tus hijos buenos principios antes que bellas maneras, que te deban una doctrina esclarecida, mejor que una frívola elegancia. Que sean mejor, hombres honrados que hombres hábiles.

El gran arquitecto del universo es la sabiduría eterna e inmutable, por lo tanto es la inteligencia suprema, se le honrará con la práctica de la virtud, la mejor religión será la de hacer el bien por el solo placer de hacerlo y no por deber.

Debemos ser amigo del sabio y observar sus preceptos, recordar que nuestra alma es inmortal, de manera que todo lo que hagamos en su contra, como degradar con vicios, nunca vamos a poder borrar lo que se ha hecho mal.

Se agrega que este código indica como debemos honrar a los parientes, respetar a los viejos, ilustrar a la juventud y proteger a la infancia, amar a la esposa y a los hijos y amar a la patria y acatar sus leyes.

Considerar al amigo como si fuera otra hechura de uno mismo y no permitir que el infortunio nos aleje de él, hacer por su memoria lo que se haría si él viviera.

Quiero cerrar este mensaje con las siguientes reflexiones: Escuchar siempre, hablar poco y hacer el bien, compromiso fundamental es evitar que nos domine la pasión y ser indulgente con el error.

El consejo adecuado es aprender a conocer a los hombres nuestros hermanos, para lograr conocernos a nosotros mismos, buscar siempre la verdad, ser justos y alejarse de la ociosidad.

Quiero extender lo que he escrito a los niveles sociales, pues considero que observando lo que este código dictamina es el principio de un país prospero y triunfador, porque invita al respeto mutuo, a dar a cada quien lo que le pertenece para hacer justicia.

Cualquier semejanza con los códigos de asociaciones sociales va a ser mera coincidencia, lo importante es poner en práctica todo cuanto aquí se ha escrito, por el bien de la humanidad.

Cuatro elementos


Los elementos naturales aunque siempre presentes en la vida cotidiana, parecen tan ausentes en el desarrollo de las actividades del ser humano que fácilmente pasamos por alto los fenómenos tan sorprendentes que nos entregan.

El aire que es considerado el vehículo por el cual el gran Arquitecto envía a todos los seres de todas las especies el aliento vital de vida en el momento mismo de su llegada a este mundo de formas que conocemos como vida.

El agua, como ingrediente fundamental para que esa vida nueva pueda desarrollarse de manera completa y efectiva para que pueda manifestar sus sentimientos, deseos e inclusive angustias y sufrimientos.

El fuego que es el elemento que con mayor rapidez transformará a todo cuanto existe sobre la tierra, para bien o para mal pero como un gran alquimista natural efectivo y contundente trabajando en los cambios naturales y no naturales.

Todo se desarrolla sobre la gran base que es la tierra, como cuarto elemento fundamental de todo cuanto existe en este mundo conocido, entonces: el aire, el fuego, el agua y la tierra es todo cuanto se necesita para el proyecto divino.

Pero cada uno de los elementos es benigno y destructor a la vez, pues cuando su manera de comportarse es exagerada, como es el caso de los terremotos, ciclones, tornados e incendios, el resultado es desbastador que causa tragedias a veces difíciles de controlar.

En muchas ideologías se insiste en la necesidad de cuidar y proteger el medio ambiente, pero está demostrado que el ser humano es la única especie capaz de alterar ese medio ambiente por medio de su inteligencia y muchas veces por ambición.

Otras veces el ser humano destruye simplemente por causa de su ignorancia que de ninguna manera se debe justificar, y muchas veces esa ignorancia surge de los vicios y las pasiones que practica desde el seno familiar sin conocer otra verdad que esa.

De manera que, ver al gobernante hacer y deshacer, construir y destruir muchas veces, sin otra causa que la de demostrar el poder que tiene, olvida que ese poder que posee, es un regalo de la sociedad que creyendo en sus buenas intenciones lo elige.

Pero lo peor del caso es cuando nosotros mismos tratamos de destruir el cuerpo que nos fue “prestado” en el momento mismo de nuestro nacimiento, por el solo hecho de contentar nuestros deseos y gustos a costa del deterioro personal en todos aspectos.

Es por eso que me he atrevido a hablar de los elementos que así como a veces son difíciles de controlar, en forma similar nosotros no controlamos lo más valioso que se nos ha entregado como es el cuerpo con el cual nos manifestamos.

La invitación a meditar aunque solo sea por unos instantes sobre esos elementos que son la base fundamental de nuestra vida y de todo lo que nos rodea.

viernes, 26 de agosto de 2011

La escalera de 33 peldaños


Muchos son los escalones que se deben conquistar durante la carrera masónica, un total de 33 y muchas veces parece una escalera interminable, pero siempre es alcanzable.

El reto inicial comprende tres escalones que en realidad son sencillos de conquistar, pero todo depende del entusiasmo que cada aspirante posea, o que cada aspirante sea capaz de subir uno a uno con lo que cada uno de ellos requiere.

Esos tres escalones definen una parte fundamental del carácter que todo ser humano adquiere, o le es entregado en el momento de ingresar en este mundo que se define como mundo de formas.

Se define así porque todo cuanto existe en este mundo tiene una forma tridimensional, que podemos tocar, medir, pesar, dividir, acumular y en fin, todo tiene una forma.

Desde luego que sabemos y aceptamos que existe otro mundo que definimos como “mundo de fuerzas” y lo definimos así porque es un mundo que no podemos tocar físicamente.

Cuando hablamos de fuerza es hablar de algo que sabemos que poseemos pero no lo podemos definir físicamente, simplemente entendemos que esa fuerza podemos aplicarla en cualquier momento.

Es la fuerza que nos mueve a hacer cosas, a imaginar proyectos e inclusive a imaginar formas, pues todo cuanto existe ha nacido en la imaginación de alguien y hoy lo vemos como una realidad mediante una forma.

Podemos agregar la belleza de este mundo en el que vivimos, aunque resulte subjetivo, es algo que apreciamos por el poder que nos otorga nuestro mundo de fuerzas, que también es nuestro.

Lo bello o menos bello es solo un punto de referencia que esta muy dentro de nosotros, lo que puede ser bello para mi, puede no serlo tanto para otra persona.

Todo va a depender del candor, con el que se aprecie cada una de las cosas que este mundo nos permite disfrutar, pues se trata de una actitud de sinceridad, pureza y confianza ante quienes nos ven.

La fuerza es la capacidad de impulso o empuje que se tiene para mover una cosa, para iniciar algo, y de esa forma conquistar la cima del proyecto que se haya diseñado.

La belleza es la cualidad de las cosas cuya manifestación produce un deleite espiritual o inclusive un goce estético, aderezada con el candor que es ingenio sin malicia.

Con esos atributos es más que suficiente, para que todo aquel candidato que desee incursionar en la masonería, pueda llegar a la meta de un aprendiz, la fuerza para lograrlo, ya esta presente desde el momento en que solicita su ingreso.

Apreciar la belleza de las cosas, le permitirá comprender todo lo que ahí se le indique o deba aprender, admitirá que es como un renacimiento, mi vida la divido entre antes y después de que ingresé a la masonería.

Eso le permitirá colocar una cámara ficticia frente a sí mismo, y así saber como lo ven sus amigos, familiares y su entorno social realmente, y luego aceptar su realidad.

Cerramos el cuadro con ese candor de que hemos hablado que mucho se compara a la inocencia de un niño de unos tres años de edad, cuando todo pregunta, solo por el placer de preguntar.

Este es solo el principio, y como vemos, todo es simbólico, el objetivo principal es entender como somos en realidad, y luego aceptarlo, sencillo ¿no le parece?

domingo, 24 de julio de 2011

el amor al projimo

Julio Torres.

El amor y la caridad son complemento de la ley de la justicia, porque amar al prójimo es hacerle todo el bien que podemos y que quisiéramos que a nosotros se nos hiciera. Este es el sentido de las palabras: amarse unos a otros como hermanos.

La caridad no es solo la limosna, sino que comprende todas las relaciones que tenemos con nuestros semejantes de cualquier nivel y nos ordena la tolerancia.

Debemos ser tolerantes porque eso nos impide humillar a otro, alguien dijo: “amen a sus enemigos” y claro que, no se puede tener a los enemigos un amor tierno y apasionado, amar a los enemigos es perdonarlos y devolverles bien por mal.

Así se logra colocar por encima de los enemigos, en tanto que la venganza nos convierte en un ser inferior, pero y que pensar entonces, cuando alguien se ve precisado a pedir limosna por la causa que sea, aún siendo o haber sido nuestro enemigo.

El hombre que tiene que pedir limosna se degrada moral y físicamente, en una sociedad basada en la ley y la justicia debe proveerse para dar lo necesario al débil sin humillarlo, debe asegurarse la existencia de los que no pueden trabajar.

La limosna no es censurable, lo censurable es el modo como se hace, el hombre de bien que comprende la caridad y sale al encuentro de la infelicidad, sin esperar que le tiendan la mano.

La verdadera caridad es siempre buena y benévola, y está más en el gesto que en el hecho, un favor hecho con delicadeza tiene doble precio; pero, si se hace con orgullo, puede hacerlo aceptable la necesidad, pero el corazón no se conmueve.

Recuerden también que la ostentación quita todo el mérito al beneficio, alguien dijo: “que tu mano izquierda ignore lo que dé tu mano derecha” con esta actitud aprendemos a no manchar con el orgullo la caridad.

Debemos aprender a distinguir la limosna de la beneficencia, pues no siempre el que pide es el más necesitado, el temor a la humillación retiene al verdadero indigente, y muchas veces sufre sin quejarse.

A este es a quien el hombre en verdad humanitario sabe ayudar sin ostentación.

Amarse los unos a los otros, esa es la ley divina, el amor es la ley de atracción para los seres humanos, debemos ser caritativos, pero no con la frialdad de sacar el dinero del bolsillo y darlo a quien se atreve a pedirlo.

Mejor despreciar la ignorancia y el vicio, y enseñar al que no sabe con tolerancia y amor.

lunes, 18 de julio de 2011

Servir de consejero


Por: Julio Torres.

El espíritu de servicio es uno de los atributos más importantes en la vida de todo ser humano, muchas veces he escrito la frase que alguien me enseñó alguna vez: “si sirves sí sirves”

Tratamos de compartir lo que sabemos, pero entendemos que es nuestro saber y no el de otros y sufrimos, porque deseamos todo lo bueno para nuestros seres queridos.

Amamos, pero mostramos cierta dictadura que hace daño, perdonamos, pero desde nuestro punto de vista, como si fuéramos superiores a todos, la imparcialidad no aparece por ningún lado.

Muchas veces manifestamos pasión, aunque sea un instante, y pensamos que es amor, sin tomar en cuenta lo que en realidad opine cada uno de los miembros o todos en pleno.

Sentimos dolor cuando mostramos injusticia, pero no odiamos, exaltamos las virtudes de cada miembro de la familia y entendemos que no existe vínculo más fuerte que la familia.

La imparcialidad con nuestros seres queridos es lo que permite la integración de todos los parientes que componen nuestro árbol genealógico y eso es lo que podemos definir como amor familiar justo y perfecto.

Mil defectos tenemos, pero lo deseable es que seamos conscientes de ello y tratar de suavizarlos o quitarlos, lo cual se consigue con virtudes propias o adquiridas.

Es posible amar a quien nos daña, la condición es que no se busque el poder ni la gloria porque debo entender que ese poder y esa gloria simplemente no me pertenecen hoy.

Qué difícil resulta el conocerme a mí mismo, quizás dividiendo los asuntos pasionales de los intelectuales sea el principio activo para conseguir entender como soy, y de esa forma poder servir a quien solicite mi servicio.

Para que una persona en verdad se sienta dueño de sí mismo, es necesario que se conozca ampliamente y solo se puede lograr observando constantemente sus actitudes en todo tiempo y lugar con honestidad.

Es muy fácil llenarnos de falsas ideas sobre nuestra persona o sobre nuestra forma de ser, y esto no está supeditado a la cultura, religión o profesión, es necesario poseer una verdad personal.

Auto observación es la clave, el conocerse a sí mismo parece difícil pero no lo es, nada conocemos ni dentro ni fuera si no ejercitamos la observación.

Un hecho de gran trascendencia parece estar escondido por allí, como si la humanidad estuviera dormida en un sueño similar a una pesadilla y lo peor es que afirmamos que creemos conocernos a nosotros mismos.

El problema radica en la interrogante que el mismo problema presenta, ¿Cómo hacer que despierten las personas? ¿Cómo decirles que están dormidos?

El espíritu de servicio es la única formula capaz de lograr que a todos los niveles y en todos los ámbitos se haga conciencia de la necesidad de servir: Si sirven tus consejos, sí sirves.