martes, 5 de enero de 2021

Si sirves, si sirves. Por Julio Torres Alcalá

Memoria de 80 años

con las fullerías del destino

Después de treinta años de caminar por los senderos de la masonería, he decidido hacer un relato de lo descubierto; me inicié a la altura de mis cuarenta años de edad, esto ocurrió en la década de los ochenta del siglo pasado, y muchas veces me pregunté: ¿por qué no lo decidí en mis años de juventud?, cuando la condición física era suficiente para deambular por estos caminos. El ingreso a la masonería se realiza solo por invitación, en mi caso, ocurrió a mediados de esa década; así que, hoy me propongo establecer pasajes paralelos de mi vida masónica y profana, para comprender el concepto: “Liberal”

Debo confesar que los primeros tres años sufrí para comprender el objetivo real de la masonería, inclusive pensé algunas veces en desertar, sin embargo, algo dentro de mí se resistía a tomar esa decisión; en una de las “tenidas” filosóficas, un personaje desarrolló el tema de uno de los grados masónicos de manera magistral, provocando un golpe maravilloso a mi entender, en ese instante comprendí el gran secreto, se trataba de profundizar en cada tema en privado durante las reuniones, para utilizarlo y aplicarlo en la vida real, acorde a la necesidad de cada persona o de muchas; mi vida cambió radicalmente a partir de ese segundo, cuando comprendí el gran objetivo de este estudio. Esa experiencia me impresionó mucho, tal vez motivando el presente proyecto.

De acuerdo con escritos antiguos, le otorgan la paternidad de un camino natural hacía el triunfo en la generación de riqueza, a un importantísimo filósofo de los grandes iniciados: Pitágoras. Desde entonces, este gran personaje ocupó un espacio importante en mi vida, pues sus Postulados indican la forma de generar riqueza, solo se requiere dice, movilizar dos cosas: “propiedad y trabajo”; hablar de propiedad no solo es poseer un terreno o una casa; el conocimiento también es una propiedad y se aloja en el cerebro, los conocimientos se adquieren en la escuela o se transmiten de padres a hijos con mensajes de boca a oído, los métodos son infinitos cuando se trata de comunicar usos y costumbres, actividades que, se convertirán en cultura popular en todos los niveles, pero habrá que ponerlos a trabajar.

Sin la iniciativa del trabajo nada se logra, uniendo el trabajo a la propiedad es como se genera dicha riqueza y no solo se trata de dinero, también de valores; con propiedad y trabajo evoluciona el ser humano, y Pitágoras establece una ruta a seguir en cualquier proyecto, al implementar la unión de la propiedad y el trabajo declarando entonces: “cualquier proyecto debe fincarse en justicia y verdad, comenzando por ser justo con uno mismo, vigilando oficiosamente cada situación para que la economía permita una previsión adecuada, constancia y emulación producen la intrepidez en cada proyecto, pero todo dispuesto con verdad y justicia. Este y muchos conocimientos posteriores, los obtuve a los cuarenta años de edad, pero nunca es tarde, ahora lo comprendo.