Muchos son los escalones que se deben conquistar durante la carrera masónica, un total de 33 y muchas veces parece una escalera interminable, pero siempre es alcanzable.
El reto inicial comprende tres escalones que en realidad son sencillos de conquistar, pero todo depende del entusiasmo que cada aspirante posea, o que cada aspirante sea capaz de subir uno a uno con lo que cada uno de ellos requiere.
Esos tres escalones definen una parte fundamental del carácter que todo ser humano adquiere, o le es entregado en el momento de ingresar en este mundo que se define como mundo de formas.
Se define así porque todo cuanto existe en este mundo tiene una forma tridimensional, que podemos tocar, medir, pesar, dividir, acumular y en fin, todo tiene una forma.
Desde luego que sabemos y aceptamos que existe otro mundo que definimos como “mundo de fuerzas” y lo definimos así porque es un mundo que no podemos tocar físicamente.
Cuando hablamos de fuerza es hablar de algo que sabemos que poseemos pero no lo podemos definir físicamente, simplemente entendemos que esa fuerza podemos aplicarla en cualquier momento.
Es la fuerza que nos mueve a hacer cosas, a imaginar proyectos e inclusive a imaginar formas, pues todo cuanto existe ha nacido en la imaginación de alguien y hoy lo vemos como una realidad mediante una forma.
Podemos agregar la belleza de este mundo en el que vivimos, aunque resulte subjetivo, es algo que apreciamos por el poder que nos otorga nuestro mundo de fuerzas, que también es nuestro.
Lo bello o menos bello es solo un punto de referencia que esta muy dentro de nosotros, lo que puede ser bello para mi, puede no serlo tanto para otra persona.
Todo va a depender del candor, con el que se aprecie cada una de las cosas que este mundo nos permite disfrutar, pues se trata de una actitud de sinceridad, pureza y confianza ante quienes nos ven.
La fuerza es la capacidad de impulso o empuje que se tiene para mover una cosa, para iniciar algo, y de esa forma conquistar la cima del proyecto que se haya diseñado.
La belleza es la cualidad de las cosas cuya manifestación produce un deleite espiritual o inclusive un goce estético, aderezada con el candor que es ingenio sin malicia.
Con esos atributos es más que suficiente, para que todo aquel candidato que desee incursionar en la masonería, pueda llegar a la meta de un aprendiz, la fuerza para lograrlo, ya esta presente desde el momento en que solicita su ingreso.
Apreciar la belleza de las cosas, le permitirá comprender todo lo que ahí se le indique o deba aprender, admitirá que es como un renacimiento, mi vida la divido entre antes y después de que ingresé a la masonería.
Eso le permitirá colocar una cámara ficticia frente a sí mismo, y así saber como lo ven sus amigos, familiares y su entorno social realmente, y luego aceptar su realidad.
Cerramos el cuadro con ese candor de que hemos hablado que mucho se compara a la inocencia de un niño de unos tres años de edad, cuando todo pregunta, solo por el placer de preguntar.
Este es solo el principio, y como vemos, todo es simbólico, el objetivo principal es entender como somos en realidad, y luego aceptarlo, sencillo ¿no le parece?