domingo, 24 de julio de 2011

el amor al projimo

Julio Torres.

El amor y la caridad son complemento de la ley de la justicia, porque amar al prójimo es hacerle todo el bien que podemos y que quisiéramos que a nosotros se nos hiciera. Este es el sentido de las palabras: amarse unos a otros como hermanos.

La caridad no es solo la limosna, sino que comprende todas las relaciones que tenemos con nuestros semejantes de cualquier nivel y nos ordena la tolerancia.

Debemos ser tolerantes porque eso nos impide humillar a otro, alguien dijo: “amen a sus enemigos” y claro que, no se puede tener a los enemigos un amor tierno y apasionado, amar a los enemigos es perdonarlos y devolverles bien por mal.

Así se logra colocar por encima de los enemigos, en tanto que la venganza nos convierte en un ser inferior, pero y que pensar entonces, cuando alguien se ve precisado a pedir limosna por la causa que sea, aún siendo o haber sido nuestro enemigo.

El hombre que tiene que pedir limosna se degrada moral y físicamente, en una sociedad basada en la ley y la justicia debe proveerse para dar lo necesario al débil sin humillarlo, debe asegurarse la existencia de los que no pueden trabajar.

La limosna no es censurable, lo censurable es el modo como se hace, el hombre de bien que comprende la caridad y sale al encuentro de la infelicidad, sin esperar que le tiendan la mano.

La verdadera caridad es siempre buena y benévola, y está más en el gesto que en el hecho, un favor hecho con delicadeza tiene doble precio; pero, si se hace con orgullo, puede hacerlo aceptable la necesidad, pero el corazón no se conmueve.

Recuerden también que la ostentación quita todo el mérito al beneficio, alguien dijo: “que tu mano izquierda ignore lo que dé tu mano derecha” con esta actitud aprendemos a no manchar con el orgullo la caridad.

Debemos aprender a distinguir la limosna de la beneficencia, pues no siempre el que pide es el más necesitado, el temor a la humillación retiene al verdadero indigente, y muchas veces sufre sin quejarse.

A este es a quien el hombre en verdad humanitario sabe ayudar sin ostentación.

Amarse los unos a los otros, esa es la ley divina, el amor es la ley de atracción para los seres humanos, debemos ser caritativos, pero no con la frialdad de sacar el dinero del bolsillo y darlo a quien se atreve a pedirlo.

Mejor despreciar la ignorancia y el vicio, y enseñar al que no sabe con tolerancia y amor.

lunes, 18 de julio de 2011

Servir de consejero


Por: Julio Torres.

El espíritu de servicio es uno de los atributos más importantes en la vida de todo ser humano, muchas veces he escrito la frase que alguien me enseñó alguna vez: “si sirves sí sirves”

Tratamos de compartir lo que sabemos, pero entendemos que es nuestro saber y no el de otros y sufrimos, porque deseamos todo lo bueno para nuestros seres queridos.

Amamos, pero mostramos cierta dictadura que hace daño, perdonamos, pero desde nuestro punto de vista, como si fuéramos superiores a todos, la imparcialidad no aparece por ningún lado.

Muchas veces manifestamos pasión, aunque sea un instante, y pensamos que es amor, sin tomar en cuenta lo que en realidad opine cada uno de los miembros o todos en pleno.

Sentimos dolor cuando mostramos injusticia, pero no odiamos, exaltamos las virtudes de cada miembro de la familia y entendemos que no existe vínculo más fuerte que la familia.

La imparcialidad con nuestros seres queridos es lo que permite la integración de todos los parientes que componen nuestro árbol genealógico y eso es lo que podemos definir como amor familiar justo y perfecto.

Mil defectos tenemos, pero lo deseable es que seamos conscientes de ello y tratar de suavizarlos o quitarlos, lo cual se consigue con virtudes propias o adquiridas.

Es posible amar a quien nos daña, la condición es que no se busque el poder ni la gloria porque debo entender que ese poder y esa gloria simplemente no me pertenecen hoy.

Qué difícil resulta el conocerme a mí mismo, quizás dividiendo los asuntos pasionales de los intelectuales sea el principio activo para conseguir entender como soy, y de esa forma poder servir a quien solicite mi servicio.

Para que una persona en verdad se sienta dueño de sí mismo, es necesario que se conozca ampliamente y solo se puede lograr observando constantemente sus actitudes en todo tiempo y lugar con honestidad.

Es muy fácil llenarnos de falsas ideas sobre nuestra persona o sobre nuestra forma de ser, y esto no está supeditado a la cultura, religión o profesión, es necesario poseer una verdad personal.

Auto observación es la clave, el conocerse a sí mismo parece difícil pero no lo es, nada conocemos ni dentro ni fuera si no ejercitamos la observación.

Un hecho de gran trascendencia parece estar escondido por allí, como si la humanidad estuviera dormida en un sueño similar a una pesadilla y lo peor es que afirmamos que creemos conocernos a nosotros mismos.

El problema radica en la interrogante que el mismo problema presenta, ¿Cómo hacer que despierten las personas? ¿Cómo decirles que están dormidos?

El espíritu de servicio es la única formula capaz de lograr que a todos los niveles y en todos los ámbitos se haga conciencia de la necesidad de servir: Si sirven tus consejos, sí sirves.