sábado, 27 de agosto de 2011

Cuatro elementos


Los elementos naturales aunque siempre presentes en la vida cotidiana, parecen tan ausentes en el desarrollo de las actividades del ser humano que fácilmente pasamos por alto los fenómenos tan sorprendentes que nos entregan.

El aire que es considerado el vehículo por el cual el gran Arquitecto envía a todos los seres de todas las especies el aliento vital de vida en el momento mismo de su llegada a este mundo de formas que conocemos como vida.

El agua, como ingrediente fundamental para que esa vida nueva pueda desarrollarse de manera completa y efectiva para que pueda manifestar sus sentimientos, deseos e inclusive angustias y sufrimientos.

El fuego que es el elemento que con mayor rapidez transformará a todo cuanto existe sobre la tierra, para bien o para mal pero como un gran alquimista natural efectivo y contundente trabajando en los cambios naturales y no naturales.

Todo se desarrolla sobre la gran base que es la tierra, como cuarto elemento fundamental de todo cuanto existe en este mundo conocido, entonces: el aire, el fuego, el agua y la tierra es todo cuanto se necesita para el proyecto divino.

Pero cada uno de los elementos es benigno y destructor a la vez, pues cuando su manera de comportarse es exagerada, como es el caso de los terremotos, ciclones, tornados e incendios, el resultado es desbastador que causa tragedias a veces difíciles de controlar.

En muchas ideologías se insiste en la necesidad de cuidar y proteger el medio ambiente, pero está demostrado que el ser humano es la única especie capaz de alterar ese medio ambiente por medio de su inteligencia y muchas veces por ambición.

Otras veces el ser humano destruye simplemente por causa de su ignorancia que de ninguna manera se debe justificar, y muchas veces esa ignorancia surge de los vicios y las pasiones que practica desde el seno familiar sin conocer otra verdad que esa.

De manera que, ver al gobernante hacer y deshacer, construir y destruir muchas veces, sin otra causa que la de demostrar el poder que tiene, olvida que ese poder que posee, es un regalo de la sociedad que creyendo en sus buenas intenciones lo elige.

Pero lo peor del caso es cuando nosotros mismos tratamos de destruir el cuerpo que nos fue “prestado” en el momento mismo de nuestro nacimiento, por el solo hecho de contentar nuestros deseos y gustos a costa del deterioro personal en todos aspectos.

Es por eso que me he atrevido a hablar de los elementos que así como a veces son difíciles de controlar, en forma similar nosotros no controlamos lo más valioso que se nos ha entregado como es el cuerpo con el cual nos manifestamos.

La invitación a meditar aunque solo sea por unos instantes sobre esos elementos que son la base fundamental de nuestra vida y de todo lo que nos rodea.

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