Cuando al atestiguar en un juicio se nos
pide que juremos decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, tal
parece que se nos pide lo imposible, pues, es superior a nuestros poderes.
Nuestros recuerdos son falibles, incluso
la verdad científica es una mera aproximación y lo ignoramos casi todo del
universo, a pesar de todo, de nuestro testimonio puede depender una vida.
Sería razonable cambiar la petición y que
ésta quedara de la siguiente manera: Decir la verdad, toda la verdad y nada más
que la verdad “hasta el límite de nuestras posibilidades”.
A Faraday se le adjudica la siguiente
frase: “Nada es demasiado maravilloso para ser verdad”.
Si todo el mundo dijera la verdad solo
hasta un grado determinado por el juicio individual se podrían ocultar
acusaciones o hechos dudosos, ensombrecer los acontecimientos, ocultar la
culpabilidad, evadir la responsabilidad y negar la justicia.
Hasta en las cosas más simples dudamos en
decir la verdad y toda la verdad, como si de lo dicho dependiera el futuro de
nuestras vidas, los cual es preocupante, pero, porqué no decir la verdad hasta
donde lo dicte la mente en ese momento.
Creo que mucha culpa la tienen nuestros
padres que, -algunos no todos afortunadamente- por sistema nos advierten: No lo
cuentes a nadie, no lo repitas.
Tal vez esa sea la causa por la que nos
cuesta mucho trabajo decir la verdad y toda la verdad, si hemos sido
programados desde niños bajo esa premisa de “no lo cuentes a nadie” en edad
adulta se convierte en una forma de vida.
Existen casos donde se nos pregunta la
edad, y por sistema nos tomamos un instante de silencio tal vez meditando cual
es la causa por la que alguien nos está preguntando la edad, y muchas veces
contestamos con otra pregunta: ¿Qué edad crees que tengo?
Muchos de estos asuntos tan sencillos
crecen como lo determina la vida misma, todo crece, se reproduce y muere, la
manera de contestar primero es casi un juego, pero crece y al crecer se
convierte inclusive en una pesadilla.
La verdad y toda la verdad hasta el
límite de nuestras posibilidades, creo que es la mejor manera de responder ante
cualquier situación, pues de ninguna manera nos podemos comprometer más allá de
esas posibilidades a las que me refiero.
Tal vez lo que hace falta es analizar y
medir lo que justamente las palabras pretenden manifestar, esto es, dar a
nuestro lenguaje la posibilidad de expresar lo que exactamente quiere la mente
o lo que realmente queremos decir.
La verdad y toda la verdad no hace daño,
la verdad y toda la verdad es el mejor camino que impide adquirir problemas no
necesarios en nuestra vida cotidiana, si desde ahora practicamos con nuestros
niños la verdad y solo la verdad, estaremos haciendo un gran favor a las
futuras generaciones.
La verdad y solo la verdad, construirá
mejores ciudadanos, muy pronto.