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viernes, 18 de noviembre de 2011

Ciencia y pseudociencia

Es posible que la distinción más clara entre la ciencia y la pseudociencia sea que la ciencia tiene una apreciación más comprensiva de las imperfecciones humanas y la falibilidad.

Si nos negamos a reconocer que somos susceptibles de cometer un error que nos acompañará siempre, pero si somos capaces de evaluarnos con un poco de coraje, por muy lamentables que sean las reflexiones que podamos engendrar.

Si nos limitamos a mostrar los descubrimientos y productos de la ciencia sin comunicar su método crítico, ¿Cómo puede distinguir un ser humano común entre ciencia y pseudociencia?

En países conocidos como socialistas, comprender la ciencia era fácil, pues, la ciencia autorizada era la que enseñaban las autoridades en las escuelas, la distinción entre ciencia y pseudociencia se hacía a la medida de las circunstancias.

Desde luego que no hacía falta explicar las dudas, pero en cuanto se produjeron cambios políticos importantes, se liberaron las restricciones del libre pensamiento, surgieron una serie de afirmaciones carismáticas.

La pseudociencia es distinta de la ciencia errónea, la ciencia avanza con los errores y los va eliminando uno a uno, continuamente se llega a conclusiones falsas, pero se formulan hipotéticamente.

Se plantean hipótesis de modo que puedan refutarse, se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación, la ciencia camina titubeando hacia una mayor comprensión.

Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica, se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica.

Las hipótesis se formulan de modo que sean invulnerables a cualquier experimento que ofrezca una posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas.

Los practicantes se muestran cautos y a la defensiva, se oponen al escrutinio escéptico, cuando la hipótesis de los pseudo científicos no consigue cuajar entre los científicos, se alegan conspiraciones y suprimirla.

La capacidad motora de las personas es casi perfecta, pocas veces tropezamos o caemos, excepto cuando somos pequeños o en la vejez, aprendemos tareas como montar una bicicleta y hasta conducir un auto y conservamos el dominio toda la vida.

Inclusive se puede dejar de practicar por muchos años el manejar un auto o una bicicleta y no cuesta trabajo recuperar la habilidad, sin embargo, la precisión y retención de nuestras habilidades motoras, no entrega un falso sentido de confianza en nuestros otros talentos.

Nuestras percepciones son falibles, muchas veces vemos lo que no existe, somos víctimas de ilusiones ópticas, alucinamos y tendemos a cometer errores.

Toda nuestra ciencia, comparada con la realidad, es primitiva e infantil, y sin embargo es lo más preciado que tenemos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

La ciencia y sus virtudes

La diferencia entre física y metafísica no es que los practicantes de una sean más inteligentes que los de la otra, la diferencia es que la metafísica no tiene laboratorio.

Parece que hay cuatro razones principales que consigan realizar un esfuerzo concentrado que acerque a la ciencia a todos los ciudadanos, la ciencia debe hacerse accesible a la más amplia escala, una comprensión fundamental de los descubrimientos y métodos de la ciencia.

La ciencia puede ser el camino dorado para que las naciones salgan de la pobreza, solo algunas naciones lo entienden, abandonar la ciencia es el camino de regreso a la pobreza y al atraso.

La ciencia nos alerta de los riesgos que plantean las tecnologías que alteran el mundo, especialmente en el renglón del medio ambiente global del que dependen nuestras vidas, la ciencia proporciona un sistema de alarma.

La ciencia nos enseña los aspectos más profundos de orígenes, naturalezas y destinos de nuestra especie, de la vida, de nuestro planeta y del universo.

Todas las culturas de la tierra han trabajado estos temas y han valorado su importancia, el mayor don de la ciencia es que puede enseñarnos algo de un modo del que nadie ha sido capaz de hacerlo antes.

Los valores de la ciencia y los de la democracia concuerdan y en muchos casos no podemos distinguirlos, la ciencia y la democracia empezaron al mismo tiempo hace más de dos mil años.

La ciencia prospera con el libre intercambio de ideas, sus valores son antitéticos al secreto, la ciencia no posee posiciones ventajosas o privilegios especiales.

Tanto la ciencia como la democracia alientan opiniones poco convencionales y un vivo debate, ambas exigen raciocinio suficiente, argumentos coherentes, niveles rigurosos de prueba y honestidad.

La ciencia es una manera de poner las cartas boca arriba a los que presumen de conocedores, es un bastión contra el misticismo, contra la superstición y contra la religión aplicada erróneamente.

Si somos fieles a los valores de la ciencia, entenderemos cuando nos están engañando y nos proporciona medios con los cuales corregir nuestros errores.

Los productos de la ciencia pueden transformar la democracia más de lo que pueda haber soñado jamás, y encontrar una verdad ocasional flotando entre la confusión y el engaño.

Si no ejercitamos esos hábitos de pensamiento, no podemos resolver los problemas realmente graves a los que nos enfrentamos, y corremos el riesgo de convertirnos en una nación de ingenuos, un mundo de niños a disposición del primer charlatán que se nos presente.

Si en este momento nos visitara un extraterrestre y le mostráramos lo que nuestros hijos ven y escuchan, podría muy fácilmente concluir que lo que queremos enseñar a nuestros hijos es todo menos la ciencia.

Asesinatos, violaciones, crueldad, superstición, credulidad y consumismo y a fuerza de repetición van a aprender solo eso.

La diferencia sería maravillosa si pudiéramos enseñar ciencia y tecnología e inculcarles un pequeño soplo de esperanza, que impulsarían sus virtudes.