Si nos negamos a reconocer que somos susceptibles de cometer un error que nos acompañará siempre, pero si somos capaces de evaluarnos con un poco de coraje, por muy lamentables que sean las reflexiones que podamos engendrar.
Si nos limitamos a mostrar los descubrimientos y productos de la ciencia sin comunicar su método crítico, ¿Cómo puede distinguir un ser humano común entre ciencia y pseudociencia?
En países conocidos como socialistas, comprender la ciencia era fácil, pues, la ciencia autorizada era la que enseñaban las autoridades en las escuelas, la distinción entre ciencia y pseudociencia se hacía a la medida de las circunstancias.
Desde luego que no hacía falta explicar las dudas, pero en cuanto se produjeron cambios políticos importantes, se liberaron las restricciones del libre pensamiento, surgieron una serie de afirmaciones carismáticas.
La pseudociencia es distinta de la ciencia errónea, la ciencia avanza con los errores y los va eliminando uno a uno, continuamente se llega a conclusiones falsas, pero se formulan hipotéticamente.
Se plantean hipótesis de modo que puedan refutarse, se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación, la ciencia camina titubeando hacia una mayor comprensión.
Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica, se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica.
Las hipótesis se formulan de modo que sean invulnerables a cualquier experimento que ofrezca una posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas.
Los practicantes se muestran cautos y a la defensiva, se oponen al escrutinio escéptico, cuando la hipótesis de los pseudo científicos no consigue cuajar entre los científicos, se alegan conspiraciones y suprimirla.
La capacidad motora de las personas es casi perfecta, pocas veces tropezamos o caemos, excepto cuando somos pequeños o en la vejez, aprendemos tareas como montar una bicicleta y hasta conducir un auto y conservamos el dominio toda la vida.
Inclusive se puede dejar de practicar por muchos años el manejar un auto o una bicicleta y no cuesta trabajo recuperar la habilidad, sin embargo, la precisión y retención de nuestras habilidades motoras, no entrega un falso sentido de confianza en nuestros otros talentos.
Nuestras percepciones son falibles, muchas veces vemos lo que no existe, somos víctimas de ilusiones ópticas, alucinamos y tendemos a cometer errores.
Toda nuestra ciencia, comparada con la realidad, es primitiva e infantil, y sin embargo es lo más preciado que tenemos.
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