La
diferencia entre física y metafísica no es que los practicantes de una sean más
inteligentes que los de la otra, la diferencia es que la metafísica no tiene
laboratorio.
Parece
que hay cuatro razones principales que consigan realizar un esfuerzo
concentrado que acerque a la ciencia a todos los ciudadanos, la ciencia debe
hacerse accesible a la más amplia escala, una comprensión fundamental de los
descubrimientos y métodos de la ciencia.
La
ciencia puede ser el camino dorado para que las naciones salgan de la pobreza,
solo algunas naciones lo entienden, abandonar la ciencia es el camino de
regreso a la pobreza y al atraso.
La
ciencia nos alerta de los riesgos que plantean las tecnologías que alteran el
mundo, especialmente en el renglón del medio ambiente global del que dependen
nuestras vidas, la ciencia proporciona un sistema de alarma.
La
ciencia nos enseña los aspectos más profundos de orígenes, naturalezas y
destinos de nuestra especie, de la vida, de nuestro planeta y del universo.
Todas
las culturas de la tierra han trabajado estos temas y han valorado su
importancia, el mayor don de la ciencia es que puede enseñarnos algo de un modo
del que nadie ha sido capaz de hacerlo antes.
Los
valores de la ciencia y los de la democracia concuerdan y en muchos casos no
podemos distinguirlos, la ciencia y la democracia empezaron al mismo tiempo
hace más de dos mil años.
La
ciencia prospera con el libre intercambio de ideas, sus valores son antitéticos
al secreto, la ciencia no posee posiciones ventajosas o privilegios especiales.
Tanto
la ciencia como la democracia alientan opiniones poco convencionales y un vivo
debate, ambas exigen raciocinio suficiente, argumentos coherentes, niveles
rigurosos de prueba y honestidad.
La
ciencia es una manera de poner las cartas boca arriba a los que presumen de
conocedores, es un bastión contra el misticismo, contra la superstición y
contra la religión aplicada erróneamente.
Si
somos fieles a los valores de la ciencia, entenderemos cuando nos están
engañando y nos proporciona medios con los cuales corregir nuestros errores.
Los
productos de la ciencia pueden transformar la democracia más de lo que pueda
haber soñado jamás, y encontrar una verdad ocasional flotando entre la
confusión y el engaño.
Si no
ejercitamos esos hábitos de pensamiento, no podemos resolver los problemas
realmente graves a los que nos enfrentamos, y corremos el riesgo de
convertirnos en una nación de ingenuos, un mundo de niños a disposición del
primer charlatán que se nos presente.
Si en
este momento nos visitara un extraterrestre y le mostráramos lo que nuestros
hijos ven y escuchan, podría muy fácilmente concluir que lo que queremos
enseñar a nuestros hijos es todo menos la ciencia.
Asesinatos,
violaciones, crueldad, superstición, credulidad y consumismo y a fuerza de
repetición van a aprender solo eso.
La
diferencia sería maravillosa si pudiéramos enseñar ciencia y tecnología e
inculcarles un pequeño soplo de esperanza, que impulsarían sus virtudes.

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