miércoles, 12 de octubre de 2011

La ciencia y sus virtudes

La diferencia entre física y metafísica no es que los practicantes de una sean más inteligentes que los de la otra, la diferencia es que la metafísica no tiene laboratorio.

Parece que hay cuatro razones principales que consigan realizar un esfuerzo concentrado que acerque a la ciencia a todos los ciudadanos, la ciencia debe hacerse accesible a la más amplia escala, una comprensión fundamental de los descubrimientos y métodos de la ciencia.

La ciencia puede ser el camino dorado para que las naciones salgan de la pobreza, solo algunas naciones lo entienden, abandonar la ciencia es el camino de regreso a la pobreza y al atraso.

La ciencia nos alerta de los riesgos que plantean las tecnologías que alteran el mundo, especialmente en el renglón del medio ambiente global del que dependen nuestras vidas, la ciencia proporciona un sistema de alarma.

La ciencia nos enseña los aspectos más profundos de orígenes, naturalezas y destinos de nuestra especie, de la vida, de nuestro planeta y del universo.

Todas las culturas de la tierra han trabajado estos temas y han valorado su importancia, el mayor don de la ciencia es que puede enseñarnos algo de un modo del que nadie ha sido capaz de hacerlo antes.

Los valores de la ciencia y los de la democracia concuerdan y en muchos casos no podemos distinguirlos, la ciencia y la democracia empezaron al mismo tiempo hace más de dos mil años.

La ciencia prospera con el libre intercambio de ideas, sus valores son antitéticos al secreto, la ciencia no posee posiciones ventajosas o privilegios especiales.

Tanto la ciencia como la democracia alientan opiniones poco convencionales y un vivo debate, ambas exigen raciocinio suficiente, argumentos coherentes, niveles rigurosos de prueba y honestidad.

La ciencia es una manera de poner las cartas boca arriba a los que presumen de conocedores, es un bastión contra el misticismo, contra la superstición y contra la religión aplicada erróneamente.

Si somos fieles a los valores de la ciencia, entenderemos cuando nos están engañando y nos proporciona medios con los cuales corregir nuestros errores.

Los productos de la ciencia pueden transformar la democracia más de lo que pueda haber soñado jamás, y encontrar una verdad ocasional flotando entre la confusión y el engaño.

Si no ejercitamos esos hábitos de pensamiento, no podemos resolver los problemas realmente graves a los que nos enfrentamos, y corremos el riesgo de convertirnos en una nación de ingenuos, un mundo de niños a disposición del primer charlatán que se nos presente.

Si en este momento nos visitara un extraterrestre y le mostráramos lo que nuestros hijos ven y escuchan, podría muy fácilmente concluir que lo que queremos enseñar a nuestros hijos es todo menos la ciencia.

Asesinatos, violaciones, crueldad, superstición, credulidad y consumismo y a fuerza de repetición van a aprender solo eso.

La diferencia sería maravillosa si pudiéramos enseñar ciencia y tecnología e inculcarles un pequeño soplo de esperanza, que impulsarían sus virtudes.

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