Si crecemos en una casa donde hay libros,
donde se sabe que alguien lee, donde padres, hermanos, tías, tíos, primos y
demás miembros de la familia se sabe que leen por placer, es natural que
aprenda a leer.
Si no existe nadie cerca que disfrute
leyendo, ¿dónde está la prueba de que vale la pena leer? Si la calidad de la
educación que tenemos a nuestro alcance es inadecuada, si nos enseñan a
memorizar en lugar de pensar, como disfrutar de la lectura.
Si el contenido de lo que se nos indica
leer viene de una cultura ajena o desconocida, alfabetizar puede convertirse en
un camino lleno de obstáculos prácticamente insuperables.
Es necesario asimilar todo lo que leemos,
hasta convertir en una segunda piel la cantidad de letras mayúsculas y
minúsculas con símbolos y señales de puntuación.
Es importante memorizar la manera de
deletrear cada palabra y aprender una serie de reglas o normas de gramática,
hasta comprender perfectamente el significado de cada una de ellas.
Muchas veces afirmamos que cuesta mucho
trabajo aprender a leer y que no vale la pena esforzarse, pero esto ocurre
generalmente cuando no contamos con apoyo básico familiar o manifestamos enojo,
negligencia con odio a sí mismo.
Cuantas veces cometemos el error de
calificar a un miembro de la familia como alguien totalmente incapacitado en el
aprendizaje de la lectura y si no existe alguien que contradiga ese
calificativo, todo aquello se convierte en un infierno familiar.
Siempre hay niños que muestran tremenda
dificultad en el aprendizaje de la lectura, pero otros muchos vencen esas
dificultades, pero también son muchos los que no logran superarlo.
Existe una especie de estigma, sobre todo
con los que menos tienen o los que se califican pobres, y ellos siempre
declaran que su falta de dinero les obliga a evitar la lectura.
Sin embargo, personalmente me declaro
nacido en una familia muy pobre y sin embargo, todos los integrantes de esta
familia logramos escalar los niveles profesionales con determinado éxito.
Mis padres eran lectores por naturaleza,
tal vez eso fue lo que hizo que todos trascendiéramos a nivel profesional, con
excelentes logros cada uno en su especialidad.
Existen investigaciones que demuestran
que cuando los niños no comen lo suficiente o lo necesario sistemáticamente
terminan mostrando una disminución en la capacidad de aprender y entender.
Una ligera desnutrición puede ser otra
causa de mal aprendizaje ya sea por malos hábitos en la comida o simplemente
que no se ingieren los elementos mínimos necesarios.
Se sabe también que cuando la madre ha
recibido una mala alimentación durante el embarazo, influye en el desarrollo
del niño en edad escolar, lo cual enciende otro foco rojo en la causa del bajo
rendimiento escolar.
Cualquiera que sea la causa que elude la
lectura siempre va a ser criticable, es por eso que reafirmo: La lectura si
sirve, leer nos puede hacer libres.