domingo, 18 de septiembre de 2011

Servir es sembrar y cosechar

Sembrar es servir o a la inversa, pero debe hacerse sin descanso, no importa que sea otro quien levante la cosecha, siempre que haga buen uso de ella y que no sea dilapidada sin control o con ambición desmedida.

Es claro que lo dicho en el párrafo anterior puede ser utópico, o una falacia, lo que ocurre es que nos han educado de tal manera que ocupa el primer lugar el deseo ambicioso de atesorar.

Servir es mucho más que dar algo solo con las manos y con el intelecto, servir en el trabajo significa que se esta sembrando la semilla, que el día que germine servirá para un fin determinado.

Ese fin determinado, es posible que nunca se descubra quien lo disfrutará, pero con el simple hecho de que será utilizado por una o varias personas, la cosecha se valida por si misma.

Se puede servir dando cariño, afecto, bondad, cordialidad, apoyo, fabricando, cosechando, comercializando, transformando, descubriendo, recobrando salud, libertad, esperanza y la lista es enorme, tantos servicios como seres humanos vivimos sobre la tierra.

Es común que mucha gente se mantenga en una permanente actitud de rebeldía en su trabajo, porque considera que no recibe el salario adecuado a las labores que desarrolla.

Importante es, que se ponga especial atención cuando se firma un contrato, porque no se vale que una vez contratado, se reclame al patrón asunto alguno que no está especificado en dicho contrato.

Servir es dar más de lo que recibimos, es mostrar alegría mientras se realiza el trabajo encomendado, infundir fe, entre los compañeros, además de optimismo, esperanza y confianza.

Muchas veces encontramos un trabajo en momentos desesperados y lo aceptamos sin objeción alguna, pasa el tiempo y resulta que mostramos inconformidad, porque ha ingresado alguien con mejor salario, con menos responsabilidades y mayor sueldo.

Intentamos inclusive reclamar airadamente con el argumento de que no es justo, pues hemos acumulado más horas de trabajo y por lo tanto nadie debe ganar mayor salario que el nuestro.

Atrevernos a cuestionar un asunto como este a un jefe o directamente al patrón, es una total aberración, nada justifica una reclamación así, un empleado, de ninguna manera tiene el menor derecho de manifestar este tipo de inconformidad.

El patrón puede hacer con sus bienes lo que le venga en gana, puede regalarlos, tirarlos o dilapidarlos en lo que crea conveniente, de tal suerte que reclamaciones así no se pueden justificar de ninguna manera.

Servir desde luego que tiene límites, pero esos límites los fija la necesidad del movimiento de trabajo y de ninguna manera quienes se han contratado bajo circunstancias específicas.

Siempre que las circunstancias me lo permiten, repito la combinación de palabras que alguna vez alguien me enseñó: Si sirves, sí sirves. Si no sirves, no sirves.


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