Sembrar
es servir o a la inversa, pero debe hacerse sin descanso, no importa que sea
otro quien levante la cosecha, siempre que haga buen uso de ella y que no sea
dilapidada sin control o con ambición desmedida.
Es
claro que lo dicho en el párrafo anterior puede ser utópico, o una falacia, lo
que ocurre es que nos han educado de tal manera que ocupa el primer lugar el
deseo ambicioso de atesorar.
Servir
es mucho más que dar algo solo con las manos y con el intelecto, servir en el
trabajo significa que se esta sembrando la semilla, que el día que germine
servirá para un fin determinado.
Ese fin
determinado, es posible que nunca se descubra quien lo disfrutará, pero con el
simple hecho de que será utilizado por una o varias personas, la cosecha se
valida por si misma.
Se
puede servir dando cariño, afecto, bondad, cordialidad, apoyo, fabricando,
cosechando, comercializando, transformando, descubriendo, recobrando salud,
libertad, esperanza y la lista es enorme, tantos servicios como seres humanos
vivimos sobre la tierra.
Es
común que mucha gente se mantenga en una permanente actitud de rebeldía en su
trabajo, porque considera que no recibe el salario adecuado a las labores que
desarrolla.
Importante
es, que se ponga especial atención cuando se firma un contrato, porque no se
vale que una vez contratado, se reclame al patrón asunto alguno que no está
especificado en dicho contrato.
Servir
es dar más de lo que recibimos, es mostrar alegría mientras se realiza el
trabajo encomendado, infundir fe, entre los compañeros, además de optimismo,
esperanza y confianza.
Muchas
veces encontramos un trabajo en momentos desesperados y lo aceptamos sin
objeción alguna, pasa el tiempo y resulta que mostramos inconformidad, porque
ha ingresado alguien con mejor salario, con menos responsabilidades y mayor
sueldo.
Intentamos
inclusive reclamar airadamente con el argumento de que no es justo, pues hemos
acumulado más horas de trabajo y por lo tanto nadie debe ganar mayor salario
que el nuestro.
Atrevernos
a cuestionar un asunto como este a un jefe o directamente al patrón, es una
total aberración, nada justifica una reclamación así, un empleado, de ninguna
manera tiene el menor derecho de manifestar este tipo de inconformidad.
El
patrón puede hacer con sus bienes lo que le venga en gana, puede regalarlos,
tirarlos o dilapidarlos en lo que crea conveniente, de tal suerte que
reclamaciones así no se pueden justificar de ninguna manera.
Servir
desde luego que tiene límites, pero esos límites los fija la necesidad del
movimiento de trabajo y de ninguna manera quienes se han contratado bajo
circunstancias específicas.
Siempre
que las circunstancias me lo permiten, repito la combinación de palabras que
alguna vez alguien me enseñó: Si sirves, sí sirves. Si no sirves, no sirves.