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martes, 24 de abril de 2012

El seguro de daños

Si sirves, si sirves

Por: Julio Torres.
Durante los años ochentas mucha gente resultó totalmente dañada en su patrimonio porque carecía de una cultura del seguro, no se alcanzaba a imaginar un terremoto de la magnitud como el ocurrido en 1985, no puedo ni siquiera hablar de quienes perdieron la vida en aquella mañana trágica para la ciudad de México.
Recuerdo comentarios de personas que se dedicaban en ese tiempo a la venta de seguros o que de alguna manera estaban involucrados con compañías de seguros, cuando comentaban que durante mucho tiempo ofrecieron a sus clientes un seguro de daños contra temblores o terremotos.
Nadie imaginaba que en la ciudad de México pudiera ocurrir un terremoto mayor a los ocho grados, pues en la historia de la ciudad nunca había ocurrido algo de esa magnitud y las probabilidades de una tragedia así estaban lejanas o simplemente no existían datos que arrojaran estadística alguna que obligara a tomar esa prevención.
Como dicen por allí, nunca antes había ocurrido algo así, de manera que no existía la menor posibilidad de que eso ocurriera, de tal suerte que consideraban que sería un dinero tirado a la basura pues en los próximos 20 o 30 años no podía ocurrir, conforme a las estadísticas.
Debemos entender que las catástrofes no tienen palabra de honor y que simplemente si no existen datos estadísticos que indiquen peligro tan cruel, pues no hay necesidad de invertir en un seguro que cubra el renglón terremoto, si nunca ha sucedido.
El seguro es como la vacuna que se aplica a los niños en los primeros meses de su vida, se aplica dicha vacuna sin la certeza de que pueda presentar los síntomas de esas enfermedades, que no les permitía vivir más allá de los tres años hasta hace unas décadas, en los años cuarentas y cincuentas del siglo pasado.
A la fecha se ha sofisticado el programa de vacunas sobre todo a los niños, porque ya se tiene una estadística más confiable de las posibilidades que existen, un niño en los primeros meses de vida puede presentar enfermedades que solo la vacuna puede evitar.
Con el seguro, sobre todo de daños ocurre lo mismo, parece dinero tirado a la basura porque un terremoto de la magnitud de 1985, parece imposible y tal vez haya que estar pagando una “prima” durante 20 o 30 años o quizás más y nada va a ocurrir, esa puede ser mi defensa para no adquirir un seguro contra terremoto.
No olvidemos que el contrato de seguro es un contrato de buena fe, y que ambos, asegurado y asegurador están apostando de manera simbólica, que no va a ocurrir nada y por parte del asegurado que sí va a ocurrir algo, pero entonces, ¿Quién tiene la razón? El asegurado  o el asegurador, sinceramente yo no esperaría a ver quien tiene dicha razón, si mis bienes son cuantiosos, creo que no esperaría a ver quien tiene la razón.
Cuanta gente tiene crédito hipotecario a treinta años y no sabe si alguna compañía de seguros está amparando su patrimonio, porque ante un terremoto pudiera el gobierno hacerse cargo de la indemnización, pero eso es solo una posibilidad, pudiera ocurrir que el gobernante en turno eludiera esa responsabilidad con cualquier argumento.
Como alguien dijo por allí hace algunos años: “El papelito es el que habla” si existe un seguro no hay manera de que la aseguradora pueda eludir una responsabilidad, porque existe un papelito llamado póliza y ello está respaldado por instituciones perfectamente establecidas, que fungen como árbitros en el proceso de indemnización.
Quiero dejar una moraleja con este asunto, es muy importante la educación o la culturización en el tema del contrato de seguro, solo piense de esta forma: Es mejor contar con un seguro con la esperanza de nunca utilizarlo, que no contratarlo. Ante un siniestro, por lo menos se recupera un buen porcentaje de la pérdida.
En el siguiente artículo hablaremos un poco sobre el seguro médico, hasta la próxima.