La ciencia requiere el escepticismo más
fuerte e implacable porque la gran mayoría de las ideas son simplemente
erróneas y la única manera de conseguir un resultado convincente es por medio
del experimento y el análisis crítico.
Si estamos abiertos hasta el punto de la
credulidad y no tiene el menor peso de sentido escéptico dentro, no puede
distinguir las ideas prometedoras de las que no tiene valor.
Aceptar sin crítica toda idea e
hipótesis, equivale a no saber nada, las ideas se contradicen una a otra, solo
mediante el escrutinio escéptico podemos decidir entre ellas, siempre hay ideas
mejores que otras.
El juicio de esos dos modos de
pensamiento es central para para el éxito de la ciencia, los buenos científicos
hacen ambas cosas, desmenuzan muchas ideas nuevas y las critican, la mayoría
nunca llegan al mundo exterior, solo las que soportan la crítica.
Muchos científicos muestran desconfianza
a la hora de describir su propio asombro ante la aparición de una gran
hipótesis, lo cual es una lástima porque esos raros momentos hacen menos
misterioso el comportamiento científico.
Nadie puede ser totalmente abierto o
completamente escéptico, es mejor ser demasiado crédulo que demasiado
escéptico, tal vez la mayoría de los científicos dirían: Es mejor ser demasiado
escépticos que demasiado crédulos.
Ninguno de los dos caminos es sencillo,
el escepticismo responsable, minucioso y riguroso requiere un hábito de
pensamiento cuyo dominio exige práctica y preparación, la credulidad tampoco
llega fácilmente.
Si realmente queremos estar abiertos a
ideas en física, organización social o cualquier otra cosa, debemos
entenderlas, no tiene ningún valor estar abierto a una proposición que no
entendemos.
Tanto el escepticismo como el asombro son
habilidades que requieren atención y práctica, sería maravilloso que todo
aspirante a científico meditara en estos conceptos.
Las nuevas generaciones de científicos
deben comprender en su exacta dimensión el matrimonio entre el escepticismo y
el asombro, nada es demasiado maravilloso pero puede ser verdad, la percepción
sin comprobación ni fundamento, no es garantía suficiente de la verdad.
Obligación entonces de todo maestro desde
el primer grado de la enseñanza, es inculcar a los estudiantes el amor a la
ciencia, sin ese amor puro y sincero hacia la ciencia, la tecnología sufrirá un
rezago insuperable.
Como declaro en el título de este
reporte: Ser escéptico no basta, es fundamental alimentar la capacidad de
asombro, viajar entre estos dos conceptos tal vez sea el gran principio que
provoque el nacimiento de los futuros científicos, en favor de la humanidad.