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domingo, 27 de noviembre de 2011

Ser escéptico no basta


La ciencia requiere el escepticismo más fuerte e implacable porque la gran mayoría de las ideas son simplemente erróneas y la única manera de conseguir un resultado convincente es por medio del experimento y el análisis crítico.
Si estamos abiertos hasta el punto de la credulidad y no tiene el menor peso de sentido escéptico dentro, no puede distinguir las ideas prometedoras de las que no tiene valor.
Aceptar sin crítica toda idea e hipótesis, equivale a no saber nada, las ideas se contradicen una a otra, solo mediante el escrutinio escéptico podemos decidir entre ellas, siempre hay ideas mejores que otras.
El juicio de esos dos modos de pensamiento es central para para el éxito de la ciencia, los buenos científicos hacen ambas cosas, desmenuzan muchas ideas nuevas y las critican, la mayoría nunca llegan al mundo exterior, solo las que soportan la crítica.
Muchos científicos muestran desconfianza a la hora de describir su propio asombro ante la aparición de una gran hipótesis, lo cual es una lástima porque esos raros momentos hacen menos misterioso el comportamiento científico.
Nadie puede ser totalmente abierto o completamente escéptico, es mejor ser demasiado crédulo que demasiado escéptico, tal vez la mayoría de los científicos dirían: Es mejor ser demasiado escépticos que demasiado crédulos.
Ninguno de los dos caminos es sencillo, el escepticismo responsable, minucioso y riguroso requiere un hábito de pensamiento cuyo dominio exige práctica y preparación, la credulidad tampoco llega fácilmente.
Si realmente queremos estar abiertos a ideas en física, organización social o cualquier otra cosa, debemos entenderlas, no tiene ningún valor estar abierto a una proposición que no entendemos.
Tanto el escepticismo como el asombro son habilidades que requieren atención y práctica, sería maravilloso que todo aspirante a científico meditara en estos conceptos.
Las nuevas generaciones de científicos deben comprender en su exacta dimensión el matrimonio entre el escepticismo y el asombro, nada es demasiado maravilloso pero puede ser verdad, la percepción sin comprobación ni fundamento, no es garantía suficiente de la verdad.
Obligación entonces de todo maestro desde el primer grado de la enseñanza, es inculcar a los estudiantes el amor a la ciencia, sin ese amor puro y sincero hacia la ciencia, la tecnología sufrirá un rezago insuperable.
Como declaro en el título de este reporte: Ser escéptico no basta, es fundamental alimentar la capacidad de asombro, viajar entre estos dos conceptos tal vez sea el gran principio que provoque el nacimiento de los futuros científicos, en favor de la humanidad.