Por: Julio Torres.
Conocí a una persona que me habló bastante de los sueños y la manera de hacerlos realidad, claro que no es algo sencillo, pero encuentro muchos datos que indican que sí se puede.
Cuando conocí a la que luego sería mi esposa, supe que había encontrado un bálsamo en mi vida, sentí que era feliz casándome con ella, me parece que so fue un sueño realizado.
Cuando nacieron mis hijos, cuando obtuve mi primer auto, el cambio de trabajo, el cambio de casa, son las etapas de mi vida o los planes que simplemente se fueron cumpliendo.
Debo admitir que en su momento no los califiqué como sueños realizados, es posible que no haya percibido la forma de disfrutarlos, es posible que haya entendido que no los merecía.
Lo importante es tomar conciencia de que podemos construir nuestro propio mundo, pero muchas veces nos distraemos con los problemas del trabajo, la lucha diaria para conseguir lo necesario para la familia.
Los momentos que compartimos con la familia o con los amigos, las pequeñas alegrías, los momentos de felicidad son tan cortos que olvidamos construir nuestro mundo.
Muchos son los sueños que se quedan suspendidos en el aire o en el espacio, a tal grado que terminamos por aceptar el hábito de hacer a un lado las ilusiones, por el temor de verlas derrumbadas.
Muchos son los años que pasé sin permitirme soñar, es posible que hayan transcurrido 10 o 20 años, me sentí demasiado viejo para hacer realidad todo aquello que un día soñé.
Siempre encontré una excusa para dejar sin efecto aquellos sueños que en otro momento tanto me ilusionaron, los días transcurrieron, lo mismo los meses, los años y los deseos.
Luego fui presa de una enfermedad, comencé a ver que el mundo era más pesado que de costumbre, pedía y rogaba que cada estudio médico entregara buenas noticias.
Muchas veces soñé que me daban de alta, que la enfermedad estaba cediendo terreno hasta que ese sueño se hizo realidad y la enfermedad me dejó continuar con mi vida.
Cuando una persona vive sin sueños, sin objetivos, se parece mucho a un barco a la deriva que surca las aguas no conocidas o simplemente navega sin rumbo y entonces surgen las sorpresas.
No se sabe en que tipo de mar se encuentra y la costa quien sabe a que punto cardinal se encuentre, luego comienzan los miedos y temores pero el barco sigue extraviado.
Lo mismo ocurre con los sueños, ya ilusionamos esto o aquello, entonces, lo que se debe hacer es decidir cual es el sueño que en verdad se quiere realizar, enfocar la atención en ello.
Dios nos ha creado con todas las armas necesarias para realizar nuestros sueños, se puede cumplir un deseo tras otro siempre que se cumplan ciertas condiciones.
Muchas personas acumulan en su equipaje miedos, frustraciones, obsesiones, sentimientos, dudas, culpas y muchas cosas más, esa carga es la que impide que los sueños se hagan realidad.
Cuando piden algo, se lo piden a su Dios, a su suerte, a su destino, al cosmos, al universo, a un ser querido muerto, siempre buscan de alguien más poderoso sea creyente o no.
Cuando el equipaje tiene todas esas cargas, esos sentimientos negativos, nunca va a llegar lo que se pide, simplemente porque esa carga está saturada de vibraciones malas.
La energía positiva se alimenta de pensamientos positivos, risas, amor, generosidad y buenas acciones, entonces, esa energía produce una frecuencia más alta para ser escuchada.
Incluso el universo entero se pone a disposición total de quien muestra esa energía positiva de que hemos hablado, de inmediato ese universo envía señales, pero no las perciben.
Muchas personas se justifican afirmando que no le fue enviada señal alguna, lo que pasa es que se comportó como un aparato de radio descompuesto, incapaz de sintonizar buenas frecuencias.
Debemos tener en cuenta que cuando una persona desea algo con toda su alma, el cosmos entero trabaja a su favor, siempre que tenga todos los deseos alineados con la finalidad.
Las piezas de la naturaleza están colocadas de tal forma que nada falla, pero la mayor parte de las personas prefieren no sufrir y simplemente no tienen ilusiones o no creen en ellas.
Y yo digo: Es mejor vivir con planes y proyectos, aunque nadie los comparta conmigo, que vivir vacío por dentro y sin esperanza de vivir feliz.